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27/04/2018

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Violadores en pandilla

Hazelwood y Burgess (1995), dentro de su clasificación de agresores sexuales, establece una tipología denominada “violadores en pandilla”, una tipología que por sus características grupales se diferencia del agresor sexual individual. Es precisamente este elemento el que entiendo que no se ha tenido muy en cuenta en la sentencia de “la manada” que conocimos ayer. Analizar los hechos desde un enfoque de agresión sexual individual, tratar de buscar los mismos modus operandi y las mismas respuestas de la víctima es un error. En primer lugar, se parte de un elemento o idea preconcebida que ya debería descartarse por parte de juristas y es que en una violación o agresión sexual debe existir siempre algún tipo de violencia física, de fuerza bruta que además quede reflejada en heridas. Por otro, se analiza los niveles de “participación” o “colaboración” de la víctima para valorar la posibilidad o no de  algún tipo de consentimiento. Si recordamos los vídeos de DAESH, en ellos aparecían periodistas o militares capturados que delante de una cámara mandaban mensajes en contra de EE.UU y de su política militar. A nadie, en este caso, se le ocurriría valorar el posible consentimiento que estos presos prestaban para participar en estos vídeos. Era muy evidente que, tener una AK-47 apuntándole a algunos metros y estar en estado de shock por la captura y las torturas que seguramente habrían sufrido, mermaba su capacidad de reacción y libertad, siguiendo solo un instinto básico de supervivencia. Utilizando este símil, las reacciones de las víctimas de agresión sexual pueden ser muy parecidas. Si una víctima se ha visto fuertemente intimidada y percibe una amenaza física, no solo puede mostrarse pasiva sino que incluso podría parecer  que se implica en los hechos si con ello entiende que puede escapar rápidamente y sin peligro de la situación. Igual que los presos de DAESH trataban de parecer creíbles y sinceros si con eso lograban sobrevivir un día más sin ser degollados.

El Modus Operandi de los violadores en pandilla es distinto al de un violador individual, el estar en un grupo condiciona y distingue la forma de cometer una agresión. Realizar estos actos acompañados de otras personas, más aún si son amigos, genera una inhibición y dispersión de la responsabilidad en cada uno de los miembros. Éstos no se sienten tan “mal” por lo que están haciendo porque hay otros que también lo hacen. Los mecanismos de inhibición se relajan y la fuerza del grupo produce esta inercia de “dejarse llevar”. Este ambiente, en cierta forma, también distorsiona la visión que tiene el miembro de la situación, que incluso puede creer que como muchos participan, todos quieren, incluso la víctima.

Otro elemento importante es que, agredir en grupo, es en sí mismo un acto de superioridad física si se realiza contra una sola víctima. Este desequilibrio hacer percibir a la víctima su incapacidad para escapar, para resistirse por la fuerza. Este es precisamente el efecto de intimidación que consigue el grupo sin necesidad de utilizar armas o fuerza física y que generalmente no consigue el violador individual. Ante esta situación, los agresores no tienen que usar la fuerza, no la necesitan, precisamente actúan en grupo por eso. 

Jorge Jiménez.

www.perfilescriminales.com

 

One thought on “Violadores en pandilla

  1. Me parece quie te has aproximado mucho a lo que realmente le puede ocurrir a una victima de agresion sexual incluso asentar que quieres para cuando se confien tirar a correr como si de ello dependienra tu vida salvando todo tipo de obstaculos hasta saltar un espacio de 4 metrios de ancho en plena madrugada,todo antes que dejarte atrapar por demonios .

    Me alegro que haya personas con formacion en estos casos lo suficientemente humana como esclarecer lo que puede sentir una mujer victima de agresion sexual.

    De todas maneras creo que esta sociedad tiene una parte de inamdurez y en casos de agresiones sexuales y o violaciones piensan que la victim a ha disfrutado y no solo ese magistrado.

    Un saludo

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